Zapotlán el Grande, Jalisco

“Las mujeres rurales desempeñan un papel primordial en el mundo, siendo colaboradoras fundamentales de sus economías y tienen un rol esencial en los países desarrollados y en desarrollo, incrementando la productividad agrícola, rural y la seguridad alimentaria”
Facultad de Ciencias Agrarias, 2021

El trabajo de las mujeres rurales, ese que es poco reconocido y hablado, que solo pocos se atreven a mirar y aceptar el impacto que éste genera en las comunidades, ese que se sigue trabajando como antes, como lo hacía una madre, una abuela. Josefina Reyes Santos, mujer de El Rodeo quien, con sus 81 años, continúa con esa tradición familiar: ser agricultora y comerciante, hace uso de la siembra natural y tradicional, rechazando la modernidad y los agroquímicos que matan a la tierra y poco a poco a las personas.

Ella habla con voz cálida y calmada, comparte parte de su vida y su trabajo, de cómo a pesar del paso de los años y las circunstancias, sigue acudiendo a Ciudad Guzmán a vender sus yerbas medicinales y frutas, que proviene de su cultivo, de tierra limpia y sana, sembrado con amor y cosechado con respeto, ese respeto que ahora muy pocos conocen y sienten por la tierra, por la que nos da de comer y nunca se muestra egoísta.

Amor a la tierra, esa frase entra en mi sistema después de escuchar a doña Jose y doña Chuy hablar de su vida, de sus dificultades como mujeres que defienden la tierra, del abundante amor que sus familias les dejaron y del respeto que sienten hacia ella.

“La tierra nos mantiene, de ella comemos.”

Las mujeres rurales conocen el lenguaje secreto de la tierra, saben cuándo y cómo sembrar, cómo curar con hierbas, cómo escuchar al viento, Doña Jose mantiene este vínculo especial con la tierra, aún existe esta relación humano-naturaleza, una conexión tanto física como espiritual que les permite seguir trabajando en conjunto. 

En su huerto crecen silenciosas las plantas medicinales, que curan la fiebre, raíces que alivian el dolor, flores que calman el espíritu. Entre sus manos las hierbas se convierten en alivio, fuerza y remedio, en cada pequeña hoja, en cada infusión se crea un punto de convivencia entre la naturaleza y el cuerpo humano.

Doña Jose, con sus plantas y sus costumbres, se ha convertido en una portadora de saberes excepcional, las personas se acercan a ella y a sus yerbas en busca de una respuesta, un remedio, que sea amable y respetuoso con su cuerpo, que no los llene de químicos o sustancias desconocidas, solo de ese algo, ese sabor natural, esa calidez que desciende por la garganta, que se toma en ayunas o antes de irse a dormir, que calma la molestia y llena el cuerpo.

El trabajo de las mujeres rurales sostiene la vida del campo con una disciplina silenciosa y una fuerza que rara vez se nombra, desde el amanecer hasta la caída del sol, entre el fogón y el cuidado de la familia, ellas son la fuerza invisible que mantiene en movimiento a la comunidad.

En sus huertos crecen los saberes que curan: plantas medicinales que son memoria y herencia, cada hierba guarda una historia, cada infusión un secreto transmitido de generación en generación. Las mujeres rurales han sabido convertir al campo en un refugio donde la tierra alimenta y sana, ellas son el resplandor discreto que mantiene vivo el campo, el eco profundo que atraviesa generaciones.

Así que, quien quiera entender la tierra, que las mire a ellas.

Mariiya: Saberes rurales

Michelle Almaraz

Soy una joven de 22 años que esta aprendiendo a vivir amablemente con el medio ambiente.