Según el informe de la FAO sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación 2010-2011, las mujeres representamos en promedio el 43% de la fuerza laboral agrícola en los países en desarrollo, y entre ellos se encuentra México, por lo tanto, desempeñamos un papel esencial en los trabajos rurales. Mediante nuestras aportaciones a estas actividades contribuimos a la seguridad alimentaria, la conservación de recursos naturales y estamos involucradas con la generación de ingresos, la educación y la salud de nuestras familias y comunidades.


Al reflexionar sobre todo el soporte que hacemos a los trabajos rurales me gustaría compartir que el origen de la agricultura, hasta cierto punto, es atribuido a nosotras. En análisis basados en trabajos y observaciones etnográficas de los pueblos recolectores contemporáneos de Gordon Childe se demuestra que la agricultura apareció durante el periodo neolítico y que las sociedades eran cazadoras-recolectoras; se propone que los hombres se dedicaban principalmente a la caza y las mujeres a la recolección de plantas, frutos y semillas. Las mujeres eran las principales responsables del cuidado de niños y ancianos, así que tenían mayor interés en asegurar fuentes de alimento estables cerca de los asentamientos.
De esta manera, se plantea que, al recolectar y manipular semillas, las mujeres habrían observado patrones de germinación, crecimiento y reproducción de las plantas. Ese conocimiento acumulado, transmitido de generación en generación, pudo llevar a experimentar intencionalmente con la siembra cerca de los campamentos, favoreciendo la sedentarización. Aunque no existen pruebas materiales definitivas de quienes hicieron las primeras siembras, si fueron hombres o mujeres, la atribución a la mujer se basa en analogías culturales, que si nos detenemos a reflexionar en estas teorías podemos encontrar mucho sentido en ellas, al hacer una correlación con nuestro vivir cotidiano en la ruralidad.
A continuación, me permitiré hacer un respaldo basado en mi experiencia como niña y mujer rural, de que las mujeres fuimos las iniciadoras de la agricultura. Recalco que la intención no es comprobar teorías o confrontar otras formas de ver la realidad, simplemente es compartir desde mi realidad y la forma en que percibo al mundo.
Memorias del trabajo rural
Donde crecí, la temporada de lluvias era la más esperada, ya que además de dejar de ir a la escuela por las vacaciones de verano, el campo se llenaba de flores e insectos y se pintaba de tonos casi infinitos de verdes. Entre todos mis recuerdos de infancia no encuentro alguno donde no estuviera mi mamá; en la cocina haciendo una canela para que tomáramos antes de ir a la escuela, llevándonos comida a la hora del recreo, haciendo la comida, lavando ropa y al final del día cepillándose el cabello para trenzarlo e irnos a dormir.
Pero había un paréntesis en el día, entre la comida y la hora de ir a dormir, éste consistía en que saliendo de la escuela nos íbamos todos al rancho, y de igual manera mi mamá estaba ahora en su faceta de mujer trabajadora rural y mamá, siempre al lado nuestro, enseñándonos el amor y el respeto por la tierra, sirviéndonos un vaso con agua y un pan que aparecía mágicamente por si teníamos hambre; con un abrazo amoroso si algo nos pasaba mientras trabajábamos. Ella además de hacer su trabajo el cual compartía con nosotros (ya sea sembrar, abonar, cuidar a las chivas o a las vacas, ordeñar, revisar a las gallinas) estaba pendiente de que estuviéramos bien, nos enseñó a jugar mientras trabajamos.
De ella aprendí la paciencia, nos enseñó a esperar las flores y después sus frutos, a jugar con los jilotes de maíz como muñequitas, a rescatar a las abejas de los bebederos de las vacas, a jugar sin necesidad de nada más que nuestra imaginación.
Hoy buscamos transmitir esta forma de vida a mis sobrinas, a disfrutar el primer sol al amanecer y las primeras frutas de la temporada, a compartir con las aves y los insectos que madrugaron más que nosotros a recolectar frutas. Cada vez que voy al rancho quisiera poderme quedar, es un deseo fuerte, pero aún no lo puedo hacer, juego un doble rol, de mujer rural y otra que está intentando tener un futuro más estable con oportunidades diferentes en un espacio urbano, buscando un espacio donde estos dos espacios convivan de manera beneficiosa para todos.
Herencia, resistencia y esperanza
Todo este amor por el trabajo en el campo y las ganas de compartirlo me lo heredó mi mamá, sin embargo, así como está lleno de los mejores recuerdos también tiene muchas batallas silenciosas, de esfuerzos no vistos y lágrimas en silencio, todo eso es mi abuela, mi mamá, mi hermana y yo, también espero que lo puedan ser mis sobrinas, mujeres que hemos resistido, nos hemos adaptado y hemos buscado las forma de cuidar la tierra para que nos permita ver crecer sus frutos y poder alimentarnos de ellos, hacernos un tecito que calme los dolores del cuerpo y al alma.
No puedo imaginar el nacimiento de la agricultura sin la mano amorosa de las mujeres, sin la mirada dulce de cuidar y servir. Por eso, como les comentaba antes, las mujeres crecimos como semillas con los inicios de la agricultura.
En todos los territorios hay peleas y guerras perdidas, pero también hay batallas ganadas y creo que mientras las mujeres conservemos la esperanza, las ganas de cuidar y cuidarnos, la fuerza esa inmensa que nos permite parir habrá un campo con flores y frutos que nos permita saciar el hambre y calmar el espíritu para lo que sigue del camino. No hacemos el trabajo solas, pero sí lo llenamos de flores y colores en el camino.
Por eso digo que somos semillas y sembradoras, herederas y cuidadoras del futuro; porque en cada mujer rural late la memoria del origen de la agricultura y la esperanza de lo que está por venir.


Bibliografía
FAO. (2011). El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2010–2011. Las mujeres en la agricultura: Cerrar la brecha de género en aras del desarrollo. FAO. https://www.fao.org/docrep/013/i2050s/i2050s00.htm
Giordano, J. F. (2025). Senderos germinales: comentarios sobre los orígenes de la agricultura. En S. Aguirre, C. De Luca & S. Rosas (Coords.), El mundo social de la prehistoria (pp. 86–105). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP.


Guadalupe Núñez de la Mora
Soy una mujer que cubre muchos roles y cada uno de ellos los disfruto, me gusta ser la tía que cuida , la compañera que cocina, la investigadora que escribe y lee, la hija que al escuchar la voz de mi mamá llora, la hermana que manda audios larguísimos al grupo con mis hermanos y también soy una mujer que cree firmemente en la importancia de cuidar a la tierra, ella quien nos provee de alimentos y la tierra fértil para que cada humano vivamos nuestros sueños.
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