Etiqueta: Mujeres rurales
Según el informe de la FAO sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación 2010-2011, las mujeres representamos en promedio el 43% de la fuerza laboral agrícola en los países en desarrollo, y entre ellos se encuentra México, por lo tanto, desempeñamos un papel esencial en los trabajos rurales. Mediante nuestras aportaciones a estas actividades contribuimos a la seguridad alimentaria, la conservación de recursos naturales y estamos involucradas con la generación de ingresos, la educación y la salud de nuestras familias y comunidades.
Hace tiempo, cuando tenía entre cuatro y cinco años, yo era una niña muy curiosa y con muchas ganas de aprender. Me gustaba jugar con la masa de ese preciado maíz que recibíamos de la madre tierra, mientras mi mamá se ponía a hacer tortillas, había veces que no me dejaba tocarla porque podría desperdiciarla, pero, aun así, yo la observaba fascinada, mientras mi madre Filomena preparaba nuestros alimentos, ella solía decirme con firmeza y ternura: “observa cómo hago las tortillas, porque un día tendrás que ayudarme cuando seas jovencita. Yo no soy eterna, pero mis enseñanzas sí lo serán.”
Mi abuela materna lleva por nombre el de una flor. Mi bisabuelo Nacho lo tomó prestado para que así fuera bautizada su primera hija: Teresita, así como las flores de ornamento originarias de la isla de Madagascar. Ella no ha sido propiamente lo que se dice una abuelita cariñosa, ni con las palabras ni con las caricias. Cuando yo era niña nunca se dejó abrazar y tampoco me abrazó. Solía pellizcarnos con sus largas y duras uñas si intentábamos rodear su cintura con nuestros pequeños brazos.
La familia de mi padre proviene de un pueblo perdido, como los hay tantos en este golpeado país: un pueblo costeño, dicharachero y que, como muchos, se pavonea con relatos dignos de una buena novela y mejores aprendices de escritora que quien suscribe. La familia de mi madre es originaria de las montañas. Como ellas, guarda celosamente recuerdos, historias y secretos.
El trabajo de las mujeres rurales, ese que es poco reconocido y hablado, que solo pocos se atreven a mirar y aceptar el impacto que éste genera en las comunidades, ese que se sigue trabajando como antes, como lo hacía una madre, una abuela. Josefina Reyes Santos, mujer de El Rodeo quien, con sus 81 años, continúa con esa tradición familiar: ser agricultora y comerciante, hace uso de la siembra natural y tradicional, rechazando la modernidad y los agroquímicos que matan a la tierra y poco a poco a las personas.
“Las tunas son mi mina de oro”, dijo mi mamá mientras las recolectaba con su sombrero de palma, su cubeta y su gancho de carrizo. Esa tarde observé a aquella mujer que con mucha habilidad y rapidez se paseaba entre el plantillo de tunillo que se encontraba detrás de casa, me asombró la agilidad que tenía para recolectar cada tuna sin romperla y casi en tiempo récord. Cada tuna que caía en la cubeta significaba uno, dos o tres pesos que, el día de mañana, ella transformaría en sustento para nuestro hogar.








